Circo del Sur

Entre acrobacias y malabares, magos y payasos, el sur debe pensarse a sí mismo tratando de convertir sus sueños en realidades y certezas...

Friday, January 20, 2006

Recorrida Primera

¿Cómo permitir la palabra? ¿Cómo encarcelar la angustia? ¿Cómo homenajear la historia?
Y de repente, entre llanto contenido, dientes chisnados, miradas hacia abajo, un puente de figuras perdidas en la Plaza.
La catedral de Buenos Aires se abre en un pasillo por donde desfilan como marionetas los nombres de los 194 que padecieron la agonía de un país que no supo contenerlos ni resguardarlos. Las paredes se hacen anchas, huecas; la multitud desborda y las miradas no caben para implorar Justicia.
De fondo la Plaza. Esa que padeció de bombardeos, festejos, reclamos con olla y cacerola, y que ahora condena con la espalda.
Por allí, también, el canto y el baile de un grupo de jóvenes que eligen la murga como la forma de expresión de la angustia de haber sentido la asfixia, el humo, la desesperación, los gritos, el encierro, la ilusión de un show que no fue. Ahora reclaman sus cuerpos, danzan y hacen tributo a la vida; a la de los tantos otros que sostienen como figurines los miles y miles que buscan Verdad.
La tarde empieza a caer; se desvanece en la marcha que agoniza en el cuerpo de cada uno. Como silencio: “Los pibes de Cromañón presentes, ahora y siempre” y la marcha se organiza tras la ritual lectura de cada nombre que hace eco, que penetra en los brazos y piernas. Se conecta Mayo con Once por una arteria que drena el cansancio y el dolor de padres, amigos, familias; el año de otras tantas marchas y pedidos.
Es por eso la necesidad de Castigo, el abrazo a la pena. 30 de diciembre. Balance, casi en el último día de año; comentan por ahí: “Buenos Aires ha derramado muchas lagrimas pero no las suficientes”, y es verdad.
Las zapatillas se acordonan en la escena de Miserere y hacen que el transitar sea un culto para las autoridades que prefirieron repetir la mascara discreta.
El santuario se agolpiza. La espera a las 10.40 se hunde en las piernas cansadas de una vigilia que no cuenta de uno o de dos días sino de un año entero de preguntas, incertidumbre y lucha.
El aplauso sostenido clama la noche, el inicio de aquel show que termino en tragedia y empezó para otros que creyeron que podían con la soberbia y la desidia.

Sunday, January 15, 2006

He de hacer que la voz vuelva a fluir por los huesos...
y haré que vuelva a encarnarse el habla..
después que se pierda este tiempo y un nuevo tiempo amanezca.

Himno de los Muertos de los Guaraníes.

Es sábado 31 de diciembre de 2005 el semanario Perfil de la República Argentina sacó un suplemento especial titulado "A un año de Cromañon" en el que figuran las fotos de las 194 víctimas que ha dejado aquella barbaridad, con sus nombres y edades y algunos gustos y características particulares.
Mientras escribo esto no puedo dejar de volver la mirada sobre aquellos rostros, aquellas sonrisas y aquellos sueños que ya no podrán encontrar realización alguna.
Fue el día anterior -viernes 30- el primer aniversario de la tragedia. Recordado con una serie de actos y homenajes, y a juzgar por la presencia ciudadana, Cromañon mostró haber calado hondo en el sentir general.
Con una misa en la Catedral de Buenos Aires y un acto sobre Plaza de Mayo, alrededor de las 17, comenzaba una jornada que terminaría en el barrio de Once, en la esquina misma donde, un año atrás y producto de un incendio, se apagaran 194 vidas.
El cambio profundo en la subjetividad social que resultó de la tragedia no contempló edades; situación social, económica, ni grupos de pertenencia y ni credo: Cromañon fue una tragedia nacional y esta condición quedó plasmada en las miles de personas que participaron de la manifestación.
Las tragedias suelen generar oportunidades, renovar fuerzas, descubrir caminos. La de Cromañon no ha sido una excepción. Varios fueron los caminos por los que se expresó tanto dolor y, aunque suene paradójico, tanta esperanza: las letras, la música, la murga han servido a tal propósito.
Un comunicado leído aquella tarde en Plaza de Mayo, firmado por el total de los familiares de las víctimas y en el que se hacía alusión al año nuevo que estaba por comenzar, rezaba: "Brindamos por haber resistido falsas acusaciones de golpistas, luchadores y violentos, cuando no hay peor violencia que la muerte violenta de nuestros pibes (...) ¿Por qué puede brindar Ibarra? ¿Tal vez por ofrecer la compra de nuestras voluntades a través de una indemnización que implicaba renunciar a las acciones legales contra el Gobierno?
Y sin ignorar las presiones y amenazas que algunos legisladores porteños han padecido por parte de familiares y amigos de las víctimas, y que no contribuyen a constituir el símbolo que Cromañon debe ser, habrá quizás que recordar (para no cambiar el verdadero eje de la tragedia), que "No hay peor violencia que la muerte violenta de nuestros pibes".